Los textos en este blog tratan sobre un ¨viaje¨ muy importante de mi vida, el traslado desde los Balcanes, específicamente de Serbia, a España. Sin embargo, dado que la mayoría de los viajes implica tanto ida como vuelta - aunque todavía no sé si el mío será uno de esos - decidí escribir mis experiencias y recuerdos con la intención de, ni por accidente ni con propósito, no olvidarme de dónde provengo y dónde, si aparece el momento adecuado en un futuro, debería regresar.

Los sueños viven en el coche muerto

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                                           La canción In the death car de Goran Bregović

     Hace dieciocho años el director serbio Emir Kusturica trataba el tema de los grandes sueños en la vida de una persona dedicando las primeras escenas de su película El Sueño de Arizona (Arizona Dream) a un sueño del joven Axel Blackmar. En ellas se abordaba un sueño repetitivo, aquél en el que Axel, como un esquimal que entiende los sueños de los peces, se encuentra en peligro en Alaska. Al mismo instante, su perro le hipnotiza y le salva de morir en la nieve. Luego, la vida feliz continúa hasta el momento en que Axel se despierta en una realidad completamente diferente, en la ciudad de Nueva York, donde el pescado se pesca y se considera estúpido, mientras que de sus sueños se sabe poco.
     Que lo último no ocurre únicamente en la costa este de los Estados Unidos me di cuenta cuando estaba, durante un verano, en una ciudad costera de Montenegro. En esa ocasión, alojándome en una casa con mis amigas, conocí a una señora mayor que apenas podía moverse (todas pasábamos al menos un cuarto de hora al día junto a su compañía). Así que, en un atardecer, en tanto que el sol bajaba detrás de las montañas que rodean la bahía de Boka Kotorska, nosotras dos permanecimos solas en su jardín. Ella, sentada como siempre en la silla donde alguien la situaba por las mañanas, y yo, esperando a tener mi turno con el fin de entrar en el baño común para los huéspedes. Sin decir nada, admirábamos el paisaje. Probablemente estuvimos calladas un largo instante, hasta que el panorama me recordó al sueño de mi vida - visitar Cuba y disfrutar de la puesta de sol en la isla - el cual le conté. No obstante, la mujer, sin mirarme, respondió que ella nunca desearía ir tan lejos. Siempre soñaba con sitios más cercanos, más palpables.
     Pese a que era incapaz de moverse de su puesto sin la ayuda de otra persona - nadie tenía que hipnotizarla - hablaba con entusiasmo sobre su propio gran sueño también relacionado con la observación de un atardecer. La única diferencia es que ocurriría por encima de los campos de girasoles de una región del norte de Serbia, en la provincia de la que, se presume, en comparación con la que habita la anciana, menos gente sueña. Sin embargo, por el hecho de que, en vez de tiempo libre y suficiente dinero para viajar, tenía su familia - un marido y tres hijos - el sueño de Voivodina, aunque menos común que otros y por eso aún más especial, no pudo cumplirse en el pasado. En estos últimos años, por desgracia, permaneció igual, incumplido, debido a la edad y la mala salud de la señora.
     Por el contrario, yo llegué ayer a Cuba. ¡Cumplí uno de mis grandes sueños! Y ahora, estando a punto de salir del hotel a recorrer las calles de La Habana, espero sinceramente que aquí, al igual que en Montenegro, encuentre gente que aún atesore sueños felices, independientemente de las pesadillas con las cuales hasta ahora - acabo de leer en un periódico cubano - regularmente se despierten.
Los sueños viven en el coche muerto
     Pero cuando se trata del despertar en general, estoy segura de que cada uno - Alaska, Montenegro, Cuba u otro estado, federal o independiente - cuenta con una realidad diferente y con un sueño grande. Y si fuera posible que en este momento los sueños empezaran a navegar desde sus costas hacia alta mar, lo harían, creo yo, con los acordes de la música de dicha película, compuesta por Goran Bregović. Porque, como cantaba el famoso Iggy Pop, “in the death car, we’re alive“.
     ¿Tienes tú también un gran sueño, esté cumplido o (todavía) no? 

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